El Blog de Los Diletantes

Por Macarena Olave

Un amor de verano (cuento del último taller)

Publicado por Ulises Lima el 26 de Septiembre de 2018

* Un amor de verano, cuento escrito por Macarena Olave (15) en el taller de escritura que dirigió Diego Vargas Gaete durante el primer semestre de 2018 junto a Lectores Salvajes.

Un amor de Verano, por Macarena Olave.

Creo que han pasado dos semanas desde que el Rena me dijo eso. No le he hablado, porque se me ocurre que todos necesitan su espacio para pensar las cosas con claridad.

Mientras estoy pensando en la posibilidad de que él escoja a la Sofí siento que vibra mi celular. Es un WhatsApp de él:

-Elegí a la Sofí.

-¿En serio?-le respondo con un emoji sorprendido.

A pesar de que esa era una de las posibilidades, me duele un poquito.

-¡No!-me pone con un emoji muerto de la risa. -Te elegí a ti.

Mi corazón se acelera, me lleno de una alegría que no puedo disimular y empiezo a saltar en la cama mientras suena “Loud” de R5, mi canción favorita.

Después de volver a poner los pies en la tierra, cuando volvemos a hablar, descubro que a pesar de que él me eligió a mi, la Sofi aún no se da por vencida. Lo sé porque Rena me escribe por mensaje:

-La Sofi me está llamando con una de sus amigas.

Me deja en espera. Se demora. Al volver a comunicarse le pregunto para qué le había llamado ella.

-Estaban tratando de convencerme de que la eligiera a ella en vez de a ti, pero le he dicho que ya escogí definitivamente.

La verdad si me decía ahora, después de haberlo pensado dos veces, que elegía a la Sofi los dejaba que fueran felices. No hubiese seguido insistiendo.

                                                                             (…)

Ya es el primer día de colegio.

Despierto temprano. No pude dormir bien porque pensé toda la noche en cómo sería mi regreso a clases.

Luego de darme una ducha me peino frente al espejo mi largo pelo café. Me miro directo a los ojos y sonrió.

-Aquí vamos de nuevo.

Al llegar a la sala veo a mi nueva profesora jefe: es la que desde primero básico me hacía educación física. Bajita, delgada, ojos pardos y pelo castaño.

-Hola. -la saludo con una sonrisa tímida.

-Hola.

Empiezan a aparecer todos los demás a los pocos minutos. Me fijo en la lista del curso que se encuentra pegada en la pizarra. Hay una chica nueva. Se llama Alessandra Rodríguez.

Después que tocan el timbre, que avisa que todos deben entrar a sus respectivas salas, me doy cuenta de que la he visto y al parecer ella también a mí. Tiene el pelo castaño, dientes chuecos, y la tez bronceada.

Se presenta al curso y toma asiento atrás mío y de la Aurora, mi mejor amiga que es alta, pelo negro, labios rojos y pálida. Me gusta pensar que es como Blanca Nieves.

-Eres a la que veo casi siempre en la casa de Lindsay ¿no?-me dice la chica nueva.

-Sí.

                                                                                  (…)

Ha pasado sólo una semana desde el primer día y siento que la odio. Me dice fea y tonta, se ríe porque tuve un 3,8 en un control de matemáticas.

-Cassie. Aquí tiene su nota. ¡Felicitaciones! Fue una de las tres notas más altas. – dice mi profesora de Ciencias. La Alessandra, que se encuentra a unos pocos centímetros de, mi ve mi nota: un 6,8.

-Vaya… ¿A quién le copiaste, tontita? Lo digo para saber cerca de quién me debo sentar en la próxima prueba.

-No le copie a nadie. -digo enojada, entre dientes, por su comentario.

– ¡Ya sé! Fue un torpedo, ¿no?

– ¡No!

-Como digas, pero ambas sabemos la verdad. Eres incapaz de tener una buena nota por tu cuenta.

Iba a decirle un cometario como: “¿y tú? ¿acaso tuviste un siete o qué? Porque para creerte la gran cosa debe haberte ido la raja”, pero no pude. En eso llegó Franco, mi amigo, con el que todos me molestan porque le gusté desde primero básico hasta quinto. Pelo ruliento, café y flaco como un palo, es lo que se puede destacar de él. Por más que come y come no engorda…¡Cómo lo envidio!

-¡Cassie! Te debo una. Si no fuera por ti no sé que nota hubiese tenido. ¿Puedo copiarte en la próxima prueba de Ciencias?

-O sea, si es que encuentras un puesto cerca.

-¡Ya!-dice feliz.-Gracias.

Antes de irse me da un abrazo y me dice que me va a dar de mis galletas favoritas que trajo hoy día de colación, Palmeritas.

Antes de que le pueda decir algo aparece la Aurora. También me viene a agradecer por dejarla copiarme, pero a diferencia de Rulitos, como me gusta decirle a mi amigo, me dice que sólo será esta vez, porque no tuvo tiempo para estudiar.

Ahora ya puedo seguir hablando con Alessandra, que estaba escuchando todo.

-¿Decías?-le digo con una sonrisa.

No responde. Se queda callada como sabiendo que en está oportunidad ya le gané.

Victoriosa me voy de ahí, directo hacía donde se encuentran mis amigos.

                                                                (…)

Me encuentro en la pieza, en mi camarote. Tiene la cama arriba y el escritorio abajo. Estoy lanzando una pelota de tenis hacia el techo, pero es obvio que no es mucha la distancia, porque con sólo estirar un brazo toco el techo.

Estoy pensando qué hacer con respecto a Alessandra. ¿Debería decirle a la profe Ceci acerca de ella, que me dice esas cosas? Pero con lo que pasó hoy día estoy segura de que no seguirá molestando.

-¿Verdad?-me pregunto a mi misma. Sin embargo, aún está la posibilidad que empiece a provocarme de otras formas. Además, puede que me siga diciendo “fea” y así logre bajar mi autoestima.

Me suena el celular, avisándome de un WhatsApp. Es del Rena.

-¿Por qué eres tan linda?-leo. Luego de recibir tantos comentarios de Alessandra diciéndome “fea” no puedo evitar pensar, ¿Quién me miente? A pesar de preguntarme eso, el mensaje logra sacarme una sonrisa. De esas que no tengo desde el verano.

                                                                 (…)

 

Al día siguiente, en Orientación, la profe Ceci nos dice que vamos a empezar la unidad sobre la autoestima. Tenemos que poner en una hoja, que ella nos entregará, lo que nos gusta de nosotros y después debe ir pasando por cada uno de nuestros compañeros, para que ellos anoten lo que les agrada de nosotros.

No sé qué escribir, nunca me he puesto a pensar en lo que odio de mí o en lo que me gusta. Opto por poner: risueña, simpática, solidaria, empática y respetuosa.

Al terminar, le entrego la hoja a la Aurora para que ella se la pase a otra persona y así sucesivamente hasta que todos anoten algo que les guste de mí.

Yo también pongo, en las hojas que me llegan, las cosas positivas que me agradan de cada uno, y cuando no los conozco muy bien escribo: “simpátic@”

Me detengo en una hoja. Es la de Alessandra. No sé que cosa positiva tiene. Sólo me muestra su peor parte. Pienso un rato y al final opto pasarle a otra persona la hoja.

Al terminar el ejercicio recibo mi hoja de vuelta. Leo lo que pusieron. Casi todos los comentarios dicen:

Buena compañera, linda, simpática, solidaria, empática, risueña y loca. Pero hay un comentario que es distinto. Supongo que es de Alessandra porque dice:

¿Y qué cosa positiva tienes? deja que me ría, ja,ja, ja.

Luego de Orientación nos toca recreo. Alessandra se acerca a mí y me bota todo lo que tengo sobre mi mesa.

-Ups. Parece que se te cayó algo. – dice con una sonrisa burlona.

-¿Qué te pasa? -le pregunta Antón, un compañero que llegó al colegio el año pasado y que entra justo para ver lo que pasó. Se acerca a mi puesto y me ayuda a recoger todo. En un inicio yo pensaba que él era pesado, un futbolista engreído, pero me equivoqué.

-Le voy a decir a la profe-dice Antón.

-No.-le contesto. -Primero deja tratar de solucionarlo.

– ¿Qué te hice? ¿Por qué eres así conmigo? A penas sabes mi nombre, pero me dices cosas y me molestas como si nos conociéramos desde siempre. -le digo ahora a Alessandra.

-Ya lo deberías saber. Te lo advirtió.

– ¿Quién me lo advirtió?

-Lindsay.

-Eras tú. – le digo

 Una semana antes de entrar al colegio…

Me encontraba en mi cama, disfrutando los últimos días que me quedaba antes de volver a clases.

Estaba terminando de leer Cazadores de Sombras: Ciudad de Ceniza cuando escuché “We are never ever  getting back together“, mi tono de llamada. Contesté. Era Lindsay. Una chica un año mayor que yo; mi vecina a la que algunos llamaban Castor, por sus dientes grandes y salidos y sus ojos grandes y penetrantes.

-Hola. -me saludó.

-Hola.

– ¿Cómo estás?

-Bien, ¿y tú?

-Bien

-Qué bueno… ¿para qué me llamabas?

-Lo que pasa es que tengo una amiga que se está haciendo pasar por ti, porque está loca por el Rena.

-¿¡QUÉ?! ¿Estás segura?

-Sí, pero me pidió que no te dijera. Además, me dijo que si te enterabas y entrometías te haría la vida imposible. Ten mucho cuidado.

Regreso al presente

Y allí, al frente mío, con uniforme de colegio, estaba ella. Ya sabía su nombre: Alessandra Rodríguez.

                                                                     (…)

*Este es uno de los capítulos de la novela por entregas: “Un amor de verano”.

 

La autora

Soy Macarena Olave, tengo quince años y empecé a escribir a los ocho, porque quería que me pasaran tantas cosas, pero sabía que algunas no se podrían cumplir. En el caso de mis historias todo es posible.

Lectores Salvajes

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