El Blog de Los Diletantes

Entrevistas Salvajes

[Entrevista] – Lina Meruane

Publicado por Ulises Lima el 23 de Septiembre de 2018

* Por Leonardo González

La genuina voz de la insolencia

Lina Meruane. Créditos fotografía para Mariana Garay

Lina Meruane. Créditos fotografía para Mariana Garay

Entrevistamos a Lina Meruane a propósito de su diatriba Contra los Hijos, publicada originalmente en la editorial Tumbona de México en el 2015 y posteriormente en Penguin Random House –revisada y aumentada– en 2018. La autora ya había publicado en esta casa editorial su crónica/ensayo Volverse Palestina (2014) y su premiada novela, Sangre en el ojo (2012). Sobre su diatriba, la escritora chilena nos cuenta que la clave está en pensar el conflicto en relación a un sistema del cual no todos somos conscientes y que nos empuja, a través de sus muchos discursos, a un lugar adverso. Algo que nos debe importar y en que debemos pensar.

Leonardo González (LG): En Contra los hijos me interesa mucho el tono de la narradora del libro, que entendemos es la autora y que increpa a su público. “Acúsenme de estar sufriendo un arranque paranoico. Háganlo como si ustedes fueran niños acusetes”. ¿Esa voz apelativa cómo surge en tu voz ensayística?

Lina Meruane (LM): Es una voz que de manera menos beligerante ya estaba en mis columnas, y que agarra vuelo cuando decido inscribirme en el género desenfadado de la diatriba que es el género, poco más, poco menos, de todos los ensayos la colección para la que escribí este libro. Y todo lo que he escrito sobre este tema, el capítulo que agregué a la nueva edición y una conferencia que di después, sobre un tema relacionado, han salido así, lo cual me hace pensar que se me instaló este tono para acercarme a la cuestión materna, huyendo por un lado del lenguaje académico, que suele ser más solemne, y por otro, de la sentimentalización.

LG: ¿A qué lugar se están dirigiendo a través del capitalismo las madres y los padres?

LM: Al no haber cuestionamiento de cómo opera lo lógica capitalista en la vida doméstica y la laboral, padres y madres están siendo capturados en una trampa perversa. En este período del capitalismo salvaje que estamos viviendo, el Estado, económicamente estrangulado, se retira de sus funciones custodiales, abandona a sus ciudadanos y ciudadanas, los deja lanzados a su propia suerte, a su propio esfuerzo, y de paso les deja saber a padres y madres que el futuro (educacional y laboral, la sobrevivencia) de sus hijos ya no está asegurada. Eso empuja a madres y padres a intentar compensar dentro de la casa lo que la sociedad ya no le ofrece a la familia, al hijo, y por eso al hijo se lo sobre-protege y se lo sobre-mima (ese hijo se va volviendo caprichoso), al hijo se le da aquello que necesita y lo que no (ese hijo vuelto cliente de sus padres), al hijo se lo pone a competir con los hijos de los demás para asegurar que sea él quien logre algo en la vida (ese hijo se vuelve individualista).

LG: El sistema dominante ha hecho de los hijos, de las mascotas, verdaderos sujetos de consumo para sus padres-guardianes. Y como hoy el estado se ha lavado las manos respecto a asegurar un futuro para los dependientes, ese peso recae mayoritariamente en las madres. ¿Qué rol cumplen nuestros hijos al formar parte de los sujetos con derechos y necesidades de consumo?

LM: Es un entramado complejo y hay responsabilidades compartidas: por eso el libro carga también contra los progenitores. A mayor edad, a mayor conciencia, el peso de esas responsabilidades cambia. Pero a mí lo que me interesó en particular fue pensar cómo el hijo se había vuelto un dispositivo contra los padres, y sobre todo contra las madres, un instrumento para recortar sus impulsos y sus libertades, intenté explicar cómo las instituciones se alían para poner a los hijos en el trono y desde ahí tiranizar a sus progenitores.

LG: Durante la lectura de Contra los hijos tuve la impresión de estar frente a un homenaje a escritoras mujeres que quizás, solo quizás, no obtuvieron el reconocimiento que merecieron en vida. Pienso en Berlin, pero también en Mistral y en Pizarnik. ¿Cómo es tu relación con tus colegas mujeres, estén vivas o muertas?

LM: Yo me propuse salir de las zonas de comodidad de la lectura y partí por salir del canon masculino en busca de las escritoras. En los años 90 esa difícil encontrar alguien que te recomendara autoras (con la excepción de otras escritoras mayores, como para mí lo fue Diamela Eltit, o la crítica Eliana Ortega) y era aún más difícil encontrarlas en librerías e incluso en bibliotecas, porque muchas no estaban editadas o simplemente no circulaban. Tengo recuerdos muy precisos de la alegría que significó conseguir la obra completa de Pizarnik en Argentina, o la de Lispector en España, filosas agujas en pajares… Fui armando esa lectura porque yo misma quería entender que habían escrito las predecesoras, me parecía fundamental. Y creo que es algo que fuimos armando entre las autoras chilenas de mi generación, esa lectura, ese sistema de recomendación. Más allá de diferencias estilísticas y matices ideológicos, la relación con mis contemporáneas chilenas y latinoamericanas es excelente, a todas nos ha costado, en más de un sentido, el ingreso a ese campo de batalla que es el de la literatura, creo que ahí se trama un compañerismo.

LG: ¿Crees que tus años viviendo en New York tienen algo que ver con la mirada que hoy tienes acerca de las sociedades capitalistas?

LM: Yo ya tenía una posición sobre la operatoria del capitalismo cuando me vine, hace ya casi veinte años, entonces pienso que fue menos el “estar acá” que el “estudiar acá”, el haber tenido el tiempo para poder ir haciendo las lecturas que fueron afinando esa mirada y las conversaciones cruzadas. Porque lo cierto es que la idea partió de una observación que yo hice en Chile y que luego vi como una tendencia más generalizada, el hecho de que las mujeres-madre de mi generación estaban mucho más agobiadas, más agotadas, más culposas, más deprimidas y por lo mismo más medicadas, más atrapadas en lo materno que las madres de la generación anterior. Eso me pareció asombroso, inquietante. Paré mi antena y me puse a investigar y a leer y de ahí surgió este ensayo.

LG: Te has acercado a varios géneros. Algo que me sorprende de tu escritura es su exquisita originalidad. ¿Un día vas a inventar un género literario nuevo? ¿Cómo es que la forma y el fondo se mueven, se pliegan, fluctúan en tus creaciones desde los cuentos, el periodismo, la crónica, la novela, la diatriba, el ensayo, el teatro?

LM: No estoy inventando nada nuevo, la desgracia o la suerte es que ya todo se le ocurrió a alguien más… Y yo no voy en busca de la originalidad sino de encontrar modos expresivos que se ajusten al contenido de la obra. Y a la urgencia o a la interrogante que me planteo en cada libro, incluso cuando la pregunta es la misma me propongo examinar cómo sería una respuesta contraria (es lo que me pasó con Fruta Podrida y Sangre en el ojo, la cuestión era, en ambas, ¿qué hacemos ante un discurso médico que promete la inmortalidad y nos obliga a ella? La respuesta de la primera era la resistencia a ese sistema de producción de vidas, y, de paso, resistencia a la producción de novelas… La respuesta de la segunda era la contraria, no la resistencia sino la apropiación de esa promesa, y entonces la protagonista se cobra la promesa y la novela discurre como tal.) Ese es el ejemplo que se me ocurre, el que tengo más claro en mi cabeza, pero cada libro ha tenido su pregunta de fondo y su pregunta de forma, y por eso, porque la pregunta de fondo va cambiando, el texto toma otra forma y a veces esa forma es híbrida, combinatorias de lo que ya hay y que resulta un desafío sostener.

LG: ¿Definirías tu proyecto de obra total en algún punto en diálogo con lo etnográfico? Estoy pensando en Volverse Palestina.

LM: No, no, por más que ese libro urda conversaciones con otros no fui nada sistemática y me di bastantes licencias, y además, gran parte de lo que he escrito es en el género de la ficción.

LG: Alguna vez dijiste que tus textos tenían su doble. Sangre en el ojo y un video instalación que se hizo en Nueva York. La parte final de Fruta podrida (2007) y Un lugar donde caerse muerta (2010), adaptación teatral hecha por ti, publicada en USA y en Uruguay, que dirigió Martín Balmaceda en 2008. ¿Tienen también sus dobles o codas tus libros más actuales?

LM: No una creación paralela pensada o realizada por mí, pero sí desarrollos llevados a cabo por otros creadores. Porque escribí Contra los hijos me entrevistaron para para un documental sobre este tema llamado [m]otherhood, dirigido por dos españolas, Inés Peris Mestre y Laura García Andreu, y más sorprendentemente, de mi selección de la poesía de Gabriela Mistral (Las Renegadas, PRH) salió la idea de un proyecto teatral del que no puedo decir nada todavía. No sé si son dobles o hilos sueltos que alguien recogió.

LG: ¿Cómo te fue en Berlín, Lina? ¿Pudiste escribir algo nuevo?

LM: Ah, ¡Berlín me destruyó la vida…! Se me había olvidado lo que era la rutina del día a día del trabajo asalariado en esta ciudad demandante y frenética (y maravillosa a su manera, pero parece que envejecí o me ablandé y el regreso me ha costado), porque además, la situación acá es todo menos apacible. Allá hay una calma provinciana que me permitió despreocuparme un poco, desacelerarme, descansar, disfrutar, leer únicamente por placer y viajar, y pensar en otras cosas, y sobre todo escribir algunos textos cortos y uno más largo, una novela que aparecerá en noviembre llamada Sistema nervioso.

LG: ¿Te gustaría ponerle algún título a esta entrevista?

LM: Te dejo a ti esa tarea, no seas entrevistador-tirano. ¡Yo escribí el libro y te contesté la entrevista! (Risas)

Lina Meruane (Chile 1970). Su obra de ficción incluye los relatos reunidos en Las Infantas, y las novelasPóstuma, CercadaFruta Podrida, Sangre en el Ojo Sistema Nervioso. Entre sus libros de no ficción se cuentan el ensayo Viajes Virales, la crónica Volverse Palestina y la diatriba Contra los hijos. Ha recibido los premios Cálamo (España, 2016), Sor Juana Inés de la Cruz (México 2012), Anna Seghers (Berlín 2011) y becas de escritura de la Fundación Guggenheim (USA 2004), la NEA (USA 2010) y la DAAD (Berlín 2017), entre otros. Actualmente enseña cultura latinoamericana y escritura creativa en la Universidad de Nueva York.

Lectores Salvajes

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